El mundo es grande en el internet; se ven muchas cosas que son muy buenas, pero se ven otras que no son tan buenas.
Es lamentable decirlo, pero hay muchos problemas en el contenido cristiano en internet y hay uno que está por encima de todos los demás.
Pero déjame ser claro:
- No es la falta de Biblia, aunque se puede argumentar lo contrario
- No es la falta de buenas intenciones, aunque también se puede argumentar lo contrario
- No es la falta de pasión
El error #1, en mi opinión, es este:
Escribir sin pensar.
O para decirlo más claramente: escribir sin estructura, sin dirección y sin un punto claro.
Muchos años atrás, cuando comencé a aprender sobre el blogging y cómo escribir en línea, una de las cosas que aprendí fue exactamente esto.
Escribir por escribir no te lleva a ninguna parte, por eso debes tener un orden.
Mucho contenido nace; aun así, no llega a ningún lado
Hoy en día existe mucho contenido en línea, demasiado contenido. Sin embargo, aun así, muchas veces lo que vemos es el siguiente patrón.
Esto es muy común:
- Alguien abre el editor
- Empieza a escribir lo que siente
- Lo que pensó leyendo la Biblia
- Lo que se le ocurrió ese día
- Y simplemente… sigue escribiendo
¿Qué tal? ¿Te estoy describiendo? Pero termina ahí; esto es lo que sigue sucediendo.
El texto:
- Da vueltas
- Cambia de tema
- Repite ideas
- Nunca aterriza
- No conduce al lector a ningún lugar
No es que esté “mal” el hacer eso, pero no tiene una estructura. El problema se encuentra en que no estás pensando.
Siempre recuerda esto.
Tener una idea no es lo mismo que tener un mensaje
Este es un punto clave que muchos no entienden, pero que quiero que tú entiendas.
- Una idea es algo que se te ocurre.
- Un mensaje es algo que decides comunicar.
¿Ves la diferencia? No quiero que sueltes la idea, sino que la puedas transformar en comunicación efectiva.
La verdad es que mucho contenido cristiano se queda en ideas sueltas:
- Un versículo
- Un pensamiento
- Una emoción
- Una experiencia personal
Pero nunca respondes claramente a las siguientes preguntas:
- ¿Qué quiero decir exactamente?
- ¿Qué quiero que el lector entienda?
- ¿Qué quiero que haga después de leer?
Si tú no lo sabes, el lector tampoco. Este es el pensamiento que debes tener en línea. No escribes simplemente por escribir, sino para comunicar algo.
Tu escrito tiene que llevar a una acción, no necesariamente a que hagan algo como darle clic a un enlace, pero tan sencillo como dejarlo pensando y analizando la idea que le comunicaste.
Tiene que hacer algo en la persona.
Escribir sin pensar cansa al lector
Cuando un texto no tiene estructura:
- El lector se pierde
- Se esfuerza por entender
- Tiene que adivinar el punto
- Y eventualmente se va
Esto no es culpa del lector, es responsabilidad del escritor. En otras palabras, es tu responsabilidad llevar el mensaje de forma clara para que el lector entienda lo que quieres decir.
Escribir bien no significa que sueltas palabras al azar, sino que es guiar a alguien con intención. Como buenos mayordomos de Cristo, no deberíamos hacer algo menos que eso.
Recuerda, es tu responsabilidad.
La estructura no mata la espiritualidad
Otro dicho común que he escuchado, aun cuando se trata de tener un plan de lectura, es el siguiente:
“Si planifico mucho, apago la guía del Espíritu.”
Déjame decirte que eso suena muy espiritual, pero es una falsa dicotomía. Si lo piensas bien, no tiene ni sentido.
Recuerda esto:
- Pensar no apaga al Espíritu
- Ordenar ideas no es falta de fe
- Estructurar un mensaje no es carnalidad
El ser claro no compite con ser espiritual, sino que le sirve.
De hecho, el desorden constante suele ser pereza intelectual disfrazada de espiritualidad.
El lector no tiene por qué adivinar tu punto
Te dejo una regla simple; apréndela bien si tu meta es seguir escribiendo en línea:
Nunca hagas que el lector trabaje para entenderte.
Es más fácil decirlo que hacerlo, pero si tu texto requiere:
- Leerlo dos veces
- Adivinar a dónde vas
- Interpretar lo que “quizás” quisiste decir
Entonces no hiciste bien tu trabajo; el problema no es la profundidad. Es tu falta de dirección; te perdiste.
El escritor, tú, tiene la responsabilidad de:
- Saber a dónde va
- Llevar al lector con él
- Y dejarlo claro cuando llegó
Pero no todo está perdido, porque así como te muestro el problema, te doy la respuesta de cómo evitarlo.
Cómo evitar este error (paso a paso)
Mira, no necesitas ser experto ni tampoco necesitas pensar antes de escribir.
Aquí te dejo un método simple.
1. Define una sola idea principal
Antes de escribir una palabra, responde:
¿Qué quiero decir en este artículo?
Una frase solamente. No un párrafo ni cinco ideas.
Solo una idea.
Si no puedes resumir tu artículo en una oración, todavía no estás listo para escribirlo.
2. Decide para quién estás escribiendo
Si no tienes claro esto, no deberías escribir nada hasta que tengas esto claro. Esta es la pregunta que quiero que respondas:
- ¿A quién quiero ayudar con esto?
No “a todos los cristianos”, eso es muy general. Piensa en una persona real. Puedes pensar en:
- Alguien confundido
- Alguien cansado
- Alguien que quiere aprender
- Alguien que no entiende un tema
Eso le da una estructura a tu enfoque.
3. Ordena tus ideas antes de escribir
Busca un papel y toma 10–15 minutos y escribe lo siguiente:
- Idea principal
- 3–4 puntos que la expliquen
- Un cierre claro
Eso es todo.
Por favor, no necesitas un esquema académico ni confuso. Solo necesitas un orden básico.
4. Escribe siguiendo el mapa, no improvisando
Cuando comiences a escribir, síguelo con ese mapa:
- No te pierdes
- No repites ideas
- No te desvíes sin razón
Esa estructura no te encierra. Al contrario, te puedes sentir libre y mucho más enfocado.
Escribir bien es un acto de disciplina
Entiendo que muchas veces queremos escribir con improvisación constante, y eso tiene su momento, pero debemos tener cuidado. La improvisación constante trae desorden en tu escrito y puedes hasta bloquearte porque no sabes ni lo que estás haciendo.
Es falta de disciplina.
Pero la disciplina:
- Protege la claridad
- Honra al lector
- Sirve mejor a la verdad
- Pero, mucho más importante, da honor a Jesús
Si amas lo que escribes, entonces vale la pena pensarlo y hacerlo bien.
Para cerrar
Si tuviera que resumir este artículo en una sola línea, sería esta:
Nunca escribas para descubrir lo que piensas. Piensa primero, escribe después.
¿Viste lo que hice ahí?
En el próximo artículo vamos a ver algo muy práctico:
Ahí te voy a mostrar un proceso simple que puedes usar cada vez que escribas.
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